El coste de un consumible no es su precio unitario. Lo que cuenta son las piezas por pastilla, y eso depende del pegado, del reacondicionado y de los parámetros de proceso.
1. Pegado: la planitud viene del plato
Al pegar la pastilla en un plato de lapeado, una capa de adhesivo irregular copia el error del plato en la pieza. El síntoma clásico: «las primeras piezas tras el cambio salen bien y luego se desvían»; el adhesivo sigue fluyendo bajo carga. La práctica correcta:
- Comprobar planitud y limpieza del plato antes de pegar y retirar todo el adhesivo viejo
- Capa fina y uniforme; dejar curar antes de cargar la máquina
- Hacer rodar un plato nuevo en vacío para que todo el juego entre en servicio a la vez
2. Reacondicionado: no solo cuando ya no corta
Una pastilla engrasada o vidriada eleva la fuerza y la temperatura, y la calidad superficial cae de golpe. Esperar a «que no corte» significa que ya hay un lote rechazado. Reacondicione por piezas o por horas:
- Reacondicionado ligero y regular, por número de piezas u horas de marcha
- Cantidad y herramienta fijas, para no cambiar la topografía en cada ciclo
- Registrar la inspección de la primera pieza tras el reacondicionado como referencia
3. Gestión de vida: el consumible es un parámetro
Lleve un registro simple por lote: número, fecha de montaje, piezas producidas, tasa de retrabajo, motivo de cambio. Dos o tres meses dan un rango real y permiten comparar por coste por mil piezas en lugar de precio por pastilla. Una pastilla a mitad de precio y mitad de vida cuesta el doble.
4. El disco de pulido, la variable olvidada
Cuando el pulido falla se revisan pastillas y polvo, casi nunca el disco. Un disco envejecido o hundido reparte mal la presión: «el borde de todas las piezas de este plato sale mate». Reacondicionar el disco con una pastilla específica suele ser más eficaz que cambiar la suspensión.